domingo, 07 de mayo de 2006
Aquí os dejo el primer y único capitulod de Crónicas de Barcino, una pequeña aventura de cuatro heroes que quien lo lea, puede saber mas o menos donde sucedio y los lugares por donde fueron. Creada por Bertu con la ayuda de un servidor.

Búsqueda 1: Encontrar el N3...

Sir Bertuk tenia la difícil misión de explorar tierras aun no conquistadas ,por lo tanto aviso a sus fieles amigos mediante palomas messengeras para compartir la peligrosa aventura con él, ya que esta misión parecía ser muy arriesgada. Sus fieles compañeros se unieron en su búsqueda haciendo que fuera una misión común.
El grupo formado por un enano llamado Valdahazi Collahammer, un archimago alto elfo llamado Mairalion, un asesino drow llamado Deiv de la casa Daermon N'a'shezbaernon, más conocida como Do’Urden y un noble paladín de la orden del león dorado llamado Sir Bertuk de Lyonnese se dirigían hacia una parada de bus llamada N3. Todos sabían que en la búsqueda podrían perder la vida, mas arriesgaron todo por cumplir su noble objetivo. La tierra no conquistada era una zona inhóspita y pocos serían los que se atreverían a entrar en ella y menos aún los que saldrían con vida.
Llegaron a primer destino: Marina. Llegaron por los túneles del subsuelo donde fueron guiados por Valdahazi Collahammer que conocía perfectamente la zona. Era un lugar donde el peligro acechaba en cada esquina y en el ambiente se podía notar cómo fluía la magia oscura. Dejaron en el suelo sus objetos para la búsqueda y sacaron de una de las bolsas que llevaban un mapa para orientarse sobre el camino que debían seguir. Gracias a las dotes de exploración innatas del elfo drow y del alto elfo pudieron continuar el camino por la superficie.
Los cuatro compañeros se orientaron al ver que coincidía el mapa con la superficie en que había un campo de blood bowl. Vieron un gran puente que decidieron cruzar, pero metros antes de empezar a cruzarlo, un ser demoníaco apareció y les intentó tentar con manjares que cualquier humano habría traicionado a su rey por probar bocado de ellos. Los cuatro compañeros de la búsqueda quedaron estupefactos pero gracias a su voluntad y sus objetos mágicos e resistencia a la magia, de parte de algunos, pudieron defenderse de ese hechizo de persuasión y continuar su camino a pesar de que Valdahazi Collahammer probó bocado de uno de esos manjares, pero rápidamente acabó con ellos con el fin de resistirse a los demás. Ni tan siquiera el poderoso archimago Mairalion pudo evitar que Valdahazi Collahammer cediera ante tan potente hechizo.
Antes de continuar por el puente, el asesino Deiv Do’Urden lo inspeccionó por precaución a una posible trampa y como su sentido de asesino le indicaba había parte de él impregnada con un líquido corrosivo que quemaría todo lo que tocase menos la piedra. Así los compañeros continuaron su camino sin más percances hasta llegar a la gran vía donde gracias a los elfos pudieron encontrar la parda del N3 y concluir la búsqueda con éxito... Pero de repente, los cuatro amigos fueron atacados por un apetito insaciable de comer patatas fritas y retomaron otra búsqueda para encontrar una churrería donde las vendieran.


Subbúsqueda: Las patatas perdidas.

Tras finalizar el primer objetivo con las consecuencias que trajo el hechizo lanzado sobre el grupo, empezaba a afectarles cada vez de forma más ascendente. Para poder expulsar el hechizo de sus cuerpos necesitaban una tienda de remedios caseros, más conocidas como churrerías, en las que les vendieran patatas fritas (con ketchup, salsa brava, mayonesa…). Tomaron dirección desconocida y caminando llegaron hasta una zona de comercio donde los humanos vendían todo tipo de remedios caseros pero no encontraban el que buscaban. Vieron una frankfurteria, una pizzería y según el famoso dicho bretoniano lo siguiente sería una churrería, y en efecto allí estaba ante ellos su salvación. Cuando llegaron a ella el dependiente era un góblin de las oscuras tierras yermas que había atacado a la tienda y había matado al alquimista que les podía dar el remedio a su muerte, ¡ y no tenía patatas !, ni churros. El paladín Sir Bertuk bendecido por su diosa la Dama del Lago alzó su espada con el fin de juzgar al góblin por sus actos y le dio un espadazo que le rebanó la cabeza dejando en pie el cuerpo del góblin, hasta que tras unos segundos cayó arrodillado y finalmente tumbado con un charco de sangre a su alrededor.
Continuaron sin rumbo desesperados por las calles, cada vez más afectados por el hechizo, hasta que llegaron a una gran plaza donde había un enorme establo de carruajes llamado estación del norte. Pasaron cerca de un gran bosque que recibía el nombre de la Ciutadella porque leyendas de la antigüedad explican hechos de asesinatos y saqueos en la zona derivados de los malvados hombres bestia que habitan en una ciudad del interior del bosque. Pasaron silenciosamente sin hacer ruido ya que en sus condiciones enfrentarse a una ciudad entera de estos hombres bestia hubiera sido enfrentarse a la mismísima muerte. Valdahazi Collahammer a modo de precaución sacó su hacha de doble filo y el archimalo Mairalion, realizó un hechizo para que los compañeros levitaran unos centímetros del suelo con el fin de evitar hacer ruido. Todos estaban con los 5 sentidos apunto para cualquier incidente. El asesino Deiv Do’Urden se escondió entre las sombras y Sir Bertuk se arrodilló para recibir la bendición de su diosa con el fin de que les protegiera ante un posible asalto de hombres bestia. Continuaron cerca de la Ciutardella, todos con sus armas desenfundadas; el enano con su hacha, el elfo drow con dos cimitarras, el noble paladín con una espada y un escudo y el archimago con su báculo y una espada media.
El grupo se fue adentrando por rincones que el hombre jamás había pisado. Caminando sin rumbo, vieron el famoso busto de Santigao Patatiol, por lo cual pensaron que iban por buen camino; mas adelante encontraron la famosa posada del pony pisador, donde Valdahazi Collahammer aun afectado por el hechizo quería entrar a tomar la famosa cerveza enana. Llegaron a una pequeña pero organizada aldea de goblins, en la que se adentraron pero poco tiempo después comprobaron que no eran bien recibidos. Dos guardianes goblins de la aldea cerraron el paso a los compañeros y éstos como respuesta a la futura carga de los guardianes acomodaron sus armas en sus manos, pero antes de la carga de los guardianes vieron que les habían rodeado. Había una gran multitud de góblins haciendo una relación de 1 contra 50 pero no por ello los cuatro guerreros se rindieron. Lucharon durante varios minutos Valdahazi espalda con espalda con Deiv y Sir Bertuk con Mairalion en una lucha a muerte por la supervivencia. Finalmente Valdahazi, Deiv y Sir Bertuk tomaron una posición defensiva en la que en el centro estaba Mairalion leyendo un pergamino de magia elemental. Tras nombrar las palabras ante el apareció un enorme cono de hielo que causó estragos entre las filas enemigas y congelando a los góblins que el cono había tocado parcialmente. Esto provocó que quedara una brecha entre el círculo que habían provocado los enemigos para rodear a los compañeros. Éstos aprovecharon la oportunidad para escapar de esa trampa mortal y huyeron hasta tomar mejores posiciones.
Se encontraron en una calle muy estrecha que hacía pendiente hacia arriba lo cual les proporcionaba una magnífica posición elevada para pelear. Sir Bertuk y Valdahazi se enfrentaron al frente enemigo y mientras detrás de ellos el archimago Mairalion invocaba bolas de fuego y globos de ácido para ralentizar el ataque enemigo. Mientras los tres entretenían al enemigo Deiv Do’Urden colocó una mortífera trampa y en cuanto pasaron los goblins sobre ella ésta causó una explosión y quemó los cuerpos de los góblins. En este momento los cuatro guerreros huyeron hasta ver que la calle no tenía salida. Acorralados como estaban entre la pared y la oleada de góblins que les perseguían Valdahazi y Sir Bertuk se adelantaron a luchar mientras que Mairalion sacaba uno de sus pergaminos con el que invocó un pequeño pero terrible remolino. Para provocar más terror entre las filas enemigas Deiv Do’Urden lanzó el hechizo de fuego fatuo alrededor de el remolino como si de un torbellino del caos se tratara. Los góblins fueron levantados y expulsados por los aires y los que vieron que no podían luchar contra ese hechizo decidieron correr calle abajo para salvar su rastrera vida. Los góblins que caían cerca de Valdahazi y Sir Bertuk eran rematados por sus justicieras armas hasta que finalmente lograron escapar de ese callejón y retirarse del pueblo góblin dejando tras de sí centenares de góblins muertos y otros muchos más gravemente heridos.
Al salir de la aldea caminaron ligeramente orientados pero sin saber por dónde habría una churrería. Caminaron guiados por su instinto de supervivencia hasta llegar a una extraña ciudad élfica que se alzo ante ellos como si de una ilusión de esperanza se tratara. En ella vieron los bailes tradicionales élficos y tras contemplarlos durante un breve periodo de tiempo decidieron continuar su viaje. Dentro de la ciudad también escucharon los finos cantos élficos y sus instrumentos musicales utilizados desde tiempos inmemoriales para el hombre. Los compañeros se extrañaron al ver a un enano cantando canciones tradicionales élficas, pero pronto comprendieron que se trataba de un enano que había sido criado en esa ciudad libre de las guerras y los prejuicios raciales de las sociedades enanas y élficas. A pesar de la fuerte magia sanadora de los elfos de aquella ciudad no pudieron curar a los compañeros y decidieron continuar hasta una de sus últimas opciones conocidas: ir a Plaza Cataluña...
Tras caminar un largo rato, cegado por el hechizo cada vez mas fuerte, Sir Bertuk se arrodilló ante la imagen de una churrería y sus compañero creyendo que se desvanecía en una profunda desesperación, le ayudaron a levantarse, pero resultó ser una imagen real de una churrería. Los cuatro compañeros corrieron hacia ella pero su esperanza se convirtió en frustración cuando el alquimista les dijo que desconocía la fórmula para hacerles el remedio. Los compañeros de la búsqueda continuaron su largo viaje casi sin esperanza de sobrevivir a ésta arriesgada aventura. Llegaron a Plaza Cataluña pero no encontraron allí más que muerte y desolación... una terrible guerra entre humanos había acabado con las tiendas de alrededor y entre otras cosas, con la esperanza de los guerreros...
Decidieron arriesgarlo todo a una última carta... volver a tierra natal de Mairilion y, como consecuencia, a la parte superficie de le tierra natal de Deiv Do’Urden. Para llegar a ella decidieron usar unos túneles enanos y viajar en vagoneta por ellos. Gracias a la hospitalidad enana llegaron a destino muy deprisa ya que les dieron la vagoneta 123, una vagoneta llena de runas mágicas para hacer que fuera a mayor velocidad.
Cuando llegaron a Floridian caminaron unos minutos más, casi apunto de caer rendidos. Al fin llegaron a la churrería, donde vendían las patatas para remediar el hechizo de apetito insaciable con el que estaban condenados a morir. El alquimista elfo, dueño de la tienda al verlos en ese estado les preparó rápidamente una clase de patatas fritas a cada uno dependiendo de su naturaleza y con ellas los cuatro compañeros se reanimaron para poder volver el camino a sus correspondientes hogares. Firmemente reanimados y con fuerzas, bebieron y hablaron sobre su largo viaje delante del templo de Mairalion y tras despedirse cada uno se dirigió a su morada sin olvidar jamás ese cruel día...




Bueno, pues esto es todo, solo decir que de esta idea se me ocurrio crear Crónicas Barcianas que publique anteriormente en el blog en varios post.
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Publicado por MAIRALION @ 16:42  | Crónicas de Barcino
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